por molinos
El sonido que me acompaña, y la palabra que me llena.
Cuando abres los ojos por la mañana, me despiertas para decirme que te vas a levantar. Me enternece esa insistencia en contarme algo que ya sé. No sé qué te hace pensar que no he oído la alarma del móvil, la del despertador y el ruido que ambos aparatos han hecho al caer al suelo al golpearlos para apagarlos.
Por fin, te vas. Y llámame egoísta, pero contemplo esas horas sin tu presencia no como un erial que he de atravesar, sino como un oasis de tranquilidad para mí misma. Tengo silencio si quiero, o música atronadora para bailar desnuda por la casa si me apetece.
Y ¿ te acuerdas lo contentos que nos pusimos cuando te dieron el móvil de empresa? Así podríamos hablar a lo largo del día y estaríamos en contacto. ¿ Y qué buena idea nos pareció lo del bluethooth? Así hablaríamos sin peligro y sin multas.
Vale. Pues odio a los dos: a tu móvil y al parrot.
No puedo con qué me llames cada vez que estás en el coche, sobre todo porque estás todo el día conduciendo. Eres un tio interesante pero no tannnn interesante como para hablar cada 10 minutos. Ni siquiera un premio nobel tendría tanta conversación.
Por la tarde, me voy poniendo nerviosa. Sé que en algún momento escucharé tus llaves en la cerradura y se acabará el silencio y el espacio en blanco. Lo llenarás todo con tu conversación y todo lo que me quieres decir.
Y sí, yo también te quiero. Pero no te aguanto.
Próximo turno: GORIO
Últimos comentarios