Adiós

16 02 2010

Amigos, gracias.

He disfrutado una barbaridad leyendo y escribiendo con vosotros.  Respondiendo al desafío que en cada momento representaba la frase que me regalaban y leyendo después vuestros, siempre amables, comentarios.

La vida no es algo estático, ¡que aburrimiento!, si no algo vivo con cambio y movimiento. Y motivos de índole personal hace que no sea un buen momento para seguir colaborando en el blogguercedario. Ya sabéis, falta de tiempo, de concentración, de ideas…

Intentaré seguir leyendoos y disfrutando vuestras ocurrencias. Ha sido, de verdad, un placer.

Un abrazo para todos. Hasta siempre.

Aspective

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Yo solo sé que no sé nada…

12 02 2010

Por: Aspective

No entiendo la vida que me ha tocado vivir.  Ha cambiado mucho y demasiado deprisa y bastante tengo con intentar seguirla, sin dejar que me tire del caballo desbocado, como para, además, intentar comprenderla. 

De los valores, costumbres y hábitos que recibí desde niño, en el marco de una sociedad tan diferente de la actual que es difícil imaginarlo, no queda prácticamente ninguno. 

No me entendáis, mal. No es ni mejor ni peor. Tiene sus ventajas, inconvenientes y una gran, inmensa, zona gris. Como todas. Pero el proceso ha sido tan vertiginoso que suficiente tengo con intentar seguirlo, no quedarme atrás como para pararme a enjuiciar o meditar.  

Y ese es el problema. Si me parase, si pudiera hacer un alto, una pausa para enjuiciar este entorno en el que vivo, estos nuevos valores aceptados, o al menos, seguidos por todos, si fuera capaz de meditar para obtener mi propio juicio sobre hábitos, normas y costumbres, creo que no me gustaría el resultado. 

No soy un retrógrado, ni muchos menos. No soy un nostálgico en absoluto. Pero igual que todos lo regímenes políticos, incluso los más tiránicos y autoritarios, necesitan un ideólogo, una filosofía y unos valores que lo sustenten, así creo que nuestra forma de vida debería estar inscrita, basada, en unos usos criterios más claros, compartidos con todos y aceptados sin dudas ni vacilaciones. Siempre sometidos a juicios y revisiones, pero, al menos, existentes. 

Al no haberlos, el resultado en un desconcierto total, un todo vale que crea un ambiente de insatisfacción y un caldo para que los ventajistas y amorales medren sin freno a costa de todos.  

A la vez, los pocos personajes que sí han logrado meditar, o que han sentido esa inquietud, espantados ante lo que, a su juicio, es el caos, encuentran como única solución el retorno a valores obsoletos, inaplicables la mayor parte de las veces, y que necesitan llevar al extremo para sentirse seguros en ellos, como un firme punto de apoyo o anclaje al cual aferrarse para no dejarse llevar por lo que ven como la vorágine incontrolada. Y los extremismos tampoco son buenos. 

Por tanto, y remitiéndome al título, puedo repetir pesaroso la frase de Sócrates y pensar a veces, si cualquier tiempo pasado no sería mejor. Pero no, creo que no lo fue.

Próximo turno: XINAX





¿Por qué soy gay?

28 01 2010

Por Aspective

 Me dices que soy gay porque amo a una persona. Porque cada vez que la veo se ilumina el día y todo brilla de una forma diferente. Porque todo, cuando estoy con esa persona, es especial y maravilloso.

Es una persona a quien me presentaron por casualidad y, desde luego, no pretendía enamorarme de ella. Ni se me había pasado por la imaginación jamás. Pero el trato, el día a día, el ir conociéndola más a fondo provocó que me empezara a atraer más y más. Cada vez quería estar más tiempo con él, y ese tiempo, siempre corto, lo disfrutaba como nada en mi vida, y cuando nos despedíamos hasta la siguiente vez, sentía que se me hacía un vacío en el estómago. Creció la complicidad, y el reconocer en el otro eso que ansías, te gusta o te falta. El tiempo en su ausencia se convertía en agonía y con él en un suspiro fugaz. Cuando no estábamos juntos y pensaba en que haría y con quien estaría, se presentaba el sufrimiento si lo imaginaba con alguien cercano e íntimo. Supe lo que eran los celos antes de saber reconocer el amor.

Comencé a admirar su cuerpo. Recuerdo que empecé por los ojos, asombrado del brillo, de la vida, que tenían. Me fijé en sus labios y en esa forma tan especial de sonreír y me quedé estupefacto la primera vez que me pude reconocer a mi mismo que me apetecía saborearlos.

Su mente conquistó la mía y, ya rendida, reconocí y supe valorar su cuerpo. Fue una lucha contra mí mismo, pues aceptar lo que sentía fue un proceso difícil provocado, sobre todo, por la incredulidad. Me costó muchas noches preñadas de angustia, de interrogarme una y otra vez sobre lo que sentía y lo que imaginaba. Frecuenté, más que nunca, la amistad y el sexo con mujeres. Y me gustaba, claro, como me había gustado siempre. Pero tuve que reconocer que no era lo que me estaba volviendo loco. Eso solo me pasaba cuando me imaginaba con él.

Quizás tarde. Tardé mucho en decidirme, pero detrás del primer beso, que abrió la compuerta de la pasión toda fue más fácil. Le quería. ¿Qué culpa tenía yo de que la persona a quien quería fuera del mismo sexo que yo? Sencillamente algo había nacido sin pedirlo, sin pretenderlo y cuando lo acepté comencé a ser feliz. El entorno, la familia, los amigos, todo eso es otra historia, difícil y con muchas pérdidas por el camino. Pero no es lo que me has preguntado.

¿Tú quieres saber por qué soy gay? La respuesta es  por amor y por deseo.

Próximo turno: XINAX





Salto de turno

23 01 2010

Disculpad este parón.

08Sandra  me avisó de que, debido a temas particulares, no podría participar durante una temporada y se me ha olvidado advertiros y saltar el turno.

Por tanto, el turno pasa a Molinos. Frase que hereda: “Voy a extrañarte”

Gracias por vuestra comprensión.

Próximo turno MOLINOS





¿Y si me hubiese arriesgado?

16 01 2010

Por Aspective

Odiaba esa sensación con todas sus fuerzas.  La duda, la incertidumbre de no saber lo que podría haber sido de no dejarse dominar por la cobardía. Odiaba también la idea de que, quizás, hubiese podido salir bien. El problema es que ese odio, y posiblemente el arrepentimiento, surgían  a toro pasado, cuando ya era tarde. Sin embargo, en el momento de decidir, de dar un paso al frente, se quedó inmóvil, quieto, en silencio, como una estatua. Pero las estatuas no lloran. Y él lloraba porque sabía que la estaba dejando marchar. Y que no volvería.

Podría haber sido, tal vez, el gran amor de su vida. Podría haber sido, tal vez, la persona junto a la que encontrar la felicidad. Podría, sí, podría, si él se hubiese decidido a dar un paso, a lo mejor a decir solo una palabra. Algo que hubiese dado respuesta al interrogante que se podía leer en los ojos de ella.

Pero le pudo el miedo a enfrentarse a los convencionalismos y al entorno. O la conformidad, pues pensándolo bien, tampoco tenía una vida tan mala. O el temor al riesgo de cambiar lo cierto, gris y cómodo, por algo que miraba ilusionado, que despertaba su alegría, pero que exigía esfuerzo, sacrificio y que no tenía garantías de éxito.

Fue mucho después cuando, frente al espejo que le miraba acusador, se atrevió a confesárselo.  Por primera vez osó murmurárselo en voz alta. Sí, la había amado.  Le daban miedo las grandes palabras. Nunca las utilizaba pues argumentaba que de tanto usarlas estaban devaluadas, y que ya no significaban nada. Pero lo cierto es que le daban miedo. Y no la utilizó cuando debió hacerlo. Ni siquiera se lo reconoció así mismo. Estuvo enamorado. Nunca lo diría en voz alta delante de nadie, pero estuvo enamorado de esa mujer doblemente prohibida. Se escudó en cuantas excusas pudo encontrar. Se escondió detrás de nobles argumentos sobre fidelidad, promesas, hijos… Se convenció de que su sacrificio, su cobardía, eran altruistas y dignos. Por el bien de los demás. Por no hacer daño. Era lo que había que hacer, lo que se esperaba de él. Y se quedó quieto y en silencio. Y ella no volvió.

Al dejar de tener noticias suyas, al no verla, cuando no pudo sentirla de nuevo entre sus brazos, nació la pregunta ¿Y si me hubiese arriesgado? Confió en que el tiempo, que según dicen todo lo cura, difuminase su recuerdo y su cuestión. Pero le habían engañado. El tiempo no borra nada, ni el viento lo arrastra. Siguió ahí día tras día, año tras año. Nunca la pudo olvidar.

Y hoy, al fin, conocía la respuesta. Hoy ya estaba seguro. Tendría que haber perseguido su amor. Luchar por su felicidad. Hubiera sido mejor, infinitamente mejor jugar,  apostar y perder si hubiera sido necesario, que vivir el resto de sus días con la duda de lo que hubiese podido ser. Con esa incertidumbre que, acrecentada en los malos momentos, siempre, cada día, le estrujaba el corazón, le llenaba de congoja y le corroía las entrañas.

Próximo turno: XINAX





Te esperaré

8 01 2010

Por Aspective

Una gran promesa implícita. Una realidad lejana. Un deseo contenido. Un imposible… La corta frase contenía mucho más que las diez letras que la componían. Era un mundo en sí mismo, la esperanza de una vida nueva y diferente.

Cuando la evocaba en su mente, miraba en derredor y sentía lo diferente que podría llegar a ser su penosa y pesada vida. Cuando la abrumadora realidad le asfixiaba y sentía que no podía más, la evocaba en su mente.

No creía, nunca creyó, que pudiese ser verdad. Esas promesas, realizadas en momentos de despedida, de dolorosos adioses, se hacían con el corazón pero sin contar con la razón. Eran verdad, ahí, en ese instante, pero su cumplimento, al conjugarse con el día a día, se volvía imposible. Sin embargo eran como la música evocadora de un pasado, de un momento feliz, que vuelve a traernos la vivencia a nuestros poros y nos eriza de nuevo el vello al sentir el aliento o la caricia casi olvidados.

Te esperaré. Se lo había dicho, se lo había escrito y así lo sentía cuando salió de su corazón. Pero la vida se había impuesto. Cada hora, cada minuto de realidad había contribuido a borrar la intención dejando en su lugar un vacío, que solo el recuerdo de momentos felices, quizás solo imaginados, podía llenar.

Las intenciones son importantes, pero no descuentan besos ni abrazos. Las promesas, las palabras hermosas, las esperanzas sembradas, aportan consuelo en la derrota, en el olvido, en la soledad de la certeza. Pero el sabio conoce como dosificarlas en la memoria, lejos de la creencia o de la fe, para que su influencia no entorpezca el presente ni el devenir de un futuro cierto, que se aleja cada vez más de esos deseos, de aquellas ensoñaciones que provocó en la mente el escuchar el juramento ansiando. Te esperaré.

Sin embargo, cuando abres los ojos y la gris y horrible fealdad del aquí y ahora te impacta sin misericordia, cuando el tacto siente la rugosidad de la realidad,  y los acres aromas del humo y la mierda inundan tus fosas, cuando el único sabor que conoces es el amargo y los sonidos, todos, son gritos estridentes, tu mente quiere volver presurosa a la incumplible promesa y refugiarse en ella olvidándose de su vida, de su asquerosa vida real.

 

Próximo turno: XINAX





Atentamente

28 12 2009

Por Aspective

Intentaba leer muy atentamente entre líneas en cada mensaje, en cada post, en cada comentario. Intentaba desentrañar el misterio, su misterio particular.

Estaba casado hacía ya unos años y pensaba que tenía una relación normal, feliz, como todo el mundo. De hecho, él habría pensado que todo iba bien, hasta que por equivocación recibió aquel correo que, evidentemente, no iba destinado a él. Sin embargo, ella no notó el error. Y él no se lo dijo. En lugar de preguntar o montar una escena, decidió enterarse de lo que estaba pasando. Debido al contenido de aquel e-mail supo que su mujer había estado ligando a través de la red con algún desconocido. O, por qué no, con varios. No sabía hasta dónde había llegado. Ni sabía qué es lo que había fallado en su pareja para que ella se decidiera a dar este paso. No tenía ni idea, pero a partir de eso momento, de la forma más discreta posible, comenzó a indagar. Empezó, también, a interesarse por el universo on-line, y a buscar qué sitios visitaba su mujer cuando se pasaba esas horas, tantas, frente al ordenador.

Así, Aspec supo que su mujer escribía en un blog de aficionados a la escritura, en el que él también había logrado introducirse de forma anónima. Pero no conocía su Nick. Había rastreado sus pasos por los blogs de la red a través de los inocentes comentarios que le escuchaba cuando hablaba con sus amigas. Sacando los nombres de los comentaristas comunes a esos blogs oídos, estableció una primera lista de posibilidades. Otra vez, cuando ella, distraídamente, se había dejado el correo abierto para atender una llamada telefónica, había logrado entrever varias veces el nombre de “El Reto de escribir”, entre la lista de correos, nombres, y nicks que figuraban en el gmail. No le había dado tiempo a más. Dispuesto a seguir con su propósito, logró que lo invitaran a participar en el mismo y después de algunas semanas, había dejado la lista reducida a tres posibilidades. Uno de esos tres nicks, correspondía a su mujer:

-Molinos. Decía que trabajaba en una empresa de libros de colores en la ciudad imperial. Era prepotente, irónica, sarcástica. Las pocas referencias culturales que utilizaba la situaban en la edad apropiada, la segunda mitad de la treintena.

-Sonvak. Se presentaba como pintora o artista. Se auto ubicaba en Vigo. Era sensible, romántica, escéptica. De edad aproximada a la anterior.

-Xinax. Mantenía que era abogada. Residente en algún lugar de Barcelona. Era atrevida, incisiva y de lengua mordaz. Le gustaba el cine y era quizás algo mayor que las anteriores.

Aún no tenía claro cuál de ellas era, pues todas tenían algunas de las características que esperaba encontrar, pero también otras que no coincidían. Lógico, pues en la red es fácil disimular o incluso intentarse una nueva personalidad. Sin embargo, leyendo atentamente, tanto en los post como en los blogs personales de cada una, confiaba en poder cerrar definitivamente el lazo y tener pronto la solución definitiva. De hecho, ya tenía una candidata a la que creía con más posibilidades que las otras. Pero aún era pronto…

¿Y qué haría cuando supiera cuál de ellas era? Había meditado largamente sobre esta cuestión. Y había encontrado la solución en una vieja y conocida canción de Cecilia, “Un ramito de violetas”. Sí, él también mandaría flores si era necesario, incluso escribiría versos, de tal forma que si lo que ella necesitaba emoción, intriga, ilusión, “un amor secreto”, él se lo iba a conseguir. Utilizaría el correo, el chat y lo que estuviera en sus manos para, poco a poco, intrigarla, engancharla, enamorarla, seducirla. Lograría ser el más rendido de sus admiradores, el más encantador, hasta que ella se olvidara de los demás y se centrara sólo y únicamente en él. No sabía por qué, ni lo que no le había proporcionado en su matrimonio, pero si eso era lo que ella necesitaba para ser feliz, él se lo conseguiría.

 

Próximo turno: XINAX