Que hace tiempo que estoy deseando comerte.

17 12 2009

Por Sonvak

Que hace tiempo que estoy deseando comerte– repitió Sonvak ante la expresión de sorpresa de Gorio. Hacía tiempo que había aprendido a disfrazar sus emociones y era una suerte. Sería fácil engañarlo, hacerlo caer en la trampa y deshacerse de él. Evidentemente su ego masculino estaría regodeándose con aquella declaración por parte de ella… pero ya se sabe que el que se ríe último, ríe mejor.

-¿Tienes algo que hacer esta noche?

-No

-Bien… Te espero a las 9 en mi casa… y no te retrases -sonrió, para quitarle hierro a sus palabras- …es que estoy impaciente.

Gorio se largó de la oficina de Sonvak flipando por colores. Creía que seducir a la jefa iba a ser más difícil, pero parecía ser que ella tampoco era indiferente a sus encantos. Si lo hubiese sabido, habría pasado al ataque hace tiempo en vez de pensárselo tanto. Sonrió imaginándose por anticipado la prometedora noche… ¿Así que estaba deseando comerlo?… sí, esa noche iba a disfrutar mucho, je.

*  *  *

A las 9 en punto de la noche, Gorio hizo sonar el timbre del apartamento de Sonvak. Esta abrió la puerta tras apenas 30 segundos de espera. El saludo de Gorio se quedó atrapado en su garganta cuando la contempló. Ella llevaba puesto un seductor vestido rojo que se ceñía a cada una de sus curvas como una segunda piel. El escote de vértigo que dejaba a la vista su sexy ombligo atrapó la mirada de Gorio unos instantes antes de que ésta continuase su descenso. El vestido terminaba unos centímetros por encima de sus delicadas rodillas y dejaba a la vista unas espléndidas piernas al final de las cuales unas sandalias de kilométrico tacón adornaban sus pies.

-Pasa -dijo Sonvak al tiempo que se daba la vuelta para que la siguiese. A Gorio se le entrecortó la respiración cuando contempló aquella espalda que el vestido dejaba totalmente al descubierto hasta el mismísimo final de la columna vertebral. Su cabello recogido dejaba al descubierto una exquisita nuca.

Si Gorio hubiese sido capaz de ver algo más que el cuerpo de Sonvak habría quedado agradablemente sorprendido con la decoración del salón donde los tonos rojos habían sido combinados a la perfección para crear un ambiente cálido y acogedor. La música sonaba de fondo:

-Siéntate -dijo Sonvak señalando el sofá de terciopelo rojo como la sangre.

Gorio, sin ser capaz todavía de decir “esta boca es mía”, se sentó. De fondo se escuchó el sonido del descorchar de una botella de champagne, y al poco Sonvak volvió a estar a su lado ofreciéndole una copa:

-Por ti… y por mi -dijo sonriendo. Él se puso en pie para poder hacer entrechocar sus copas y de un trago se bebió todo el contenido, esperando así poder recuperar los sentidos que había perdido desde el momento en que ella había abierto la puerta.

-¿Bailas? -dijo ella mientras cogía su copa y la de él y las dejaba encima de la mesa situada frente al sofá. Volvió hacia él y enlazó sus manos tras su nuca, mirándolo a los ojos con una mirada en la que brillaba la malícia. Él se dejó llevar por los sensuales movimientos de ella, sintiendo como  el roce de su cuerpo comenzaba a crear una tremenda necesidad en su interior.

Ella no dejaba de contemplarlo mientras se movía. Vió como muy lentamente su rostro dejaba atrás los poco centímetros que separaban sus caras y sintió como la aterciopelada lengua de ella recorría lentamente sus labios, provocándole un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Lo siguiente que sintió fueron sus dientes tirando con suavidad de su labio inferior para succionarlo. Después le prestó la misma atención a su labio superior. Aquellas caricias lo estaban haciendo sentir débil. Aquella forma de besar lo estaba mareando.

Las manos de ellas dejaron atrás su nuca para deslizarse por su pecho y acercarse a los botones de su camisa. Abandonó su boca para mirarlo a los ojos mientras poco a poco dejaba al descubierto su pecho y sus manos calientes y ligeras incendiaban su piel. Sus pezones se erizaron ansiando su contacto, sin embargo este no llegó. Sus manos emprendieron un lento descenso, mientras sus uñas le ponían la piel de gallina.

Y entonces… se dió cuenta de que aquel mareo que sentía se estaba intensificando demasiado. Sentía que le faltaba el aliento y no solo a causa de aquel alarde de seducción. Un sudor frío comenzó a recorrer su cuerpo y por fin consiguió decir algo:

-Me encuentro mal -su voz era casi inaudible, se perdía, al igual que su conocimiento. Sintió como ella lo ayudaba a echarse en el sofá y después, la oscuridad de la inconsciencia lo envolvió.

Sonvak se quedó mirando el cuerpo inconsciente de Gorio durante un rato, sonriendo enigmáticamente. Cuando estuvo segura, su voz sonó en el vacío salón:

-Chicas, ya podeis salir.

En pocos segundos aparecieron Xinax, Molinos, Sandra y Dani. Sonvak las miró alzando una ceja.

-Ya os dije que sería fácil… El pobrecito se siente muy seguro de su atractivo. La lección que le vamos a dar le sentará bien.

Próximo turno: ASPECTIVE

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