Nunca Rodrigo se cruzó con ella de nuevo

26 11 2009

Por: 08Sandra

… pero ella siguió todos sus pasos sigilosamente, esperando el momento adecuado.
Para Rodrigo, ese día cambió su vida se volvió desconfiado, tanto que ni era capaz de contar lo que le había pasado, nadie lo creería.
Pasaron muchos días desde aquel encuentro y Rodrigo había caído en las redes de una mujer que era enormemente bella, ojos brillantes, melena larga y dorada, manos sensuales y con un cuerpo que quitaba el hipo.

Un día se atrevió a contárselo y ella lo tranquilizó y pactaron unas palabras para cuando se despidieran por cualquier motivo y otras para su reencuentro, para así saber que eran ellos realmente. Serían sus “palabras mágicas” y nadie más las sabría…

Ya casi habían olvidado lo ocurrido, eran felices y comían perdices, él sólo tenía ojos para ella, no había otra mujer en el mundo que le hiciera tan feliz como ella.
Una mañana de primavera, recibió una llamada que debía acudir urgentemente a su trabajo, la llamada le sorprendió, era sábado y nunca lo requerían en sábado.

Se despidió como siempre de su joven mujer:
Hasta luego, confía en mí, le decía ella.
A lo que Rodrigo le respondía:
Eres mi luz y me reuniré contigo lo antes posible.
Esa despedida eran sus “palabras mágicas”, siempre se despedían igual y al encontrarse de nuevo se decían:
Ella: Soy tu luz y te reúnes conmigo lo antes posible.
Él: Cariño, ya he vuelto y confío en ti.

Rodrigo se fue y nadie le había llamado del trabajo, le extrañó, hizo algunas llamadas y no le dio mucha importancia, cuando volvía a casa algo le hizo estremecer, no sabía lo que era, pero su corazón le decía que algo no iba bien, se apresuró y llegó a casa casi de noche pues el viaje al trabajo era largo.

La casa estaba totalmente a oscuras, el perro aún estaba fuera y el jardín seguía regándose cuando su mujer siempre quitaba el riego a las 3 de la tarde, cada vez se iba poniendo más y más nervioso.
Abrió la puerta rápidamente y se tranquilizó pues vio a su mujer recostada en el sofá, respiró un poco más tranquilo pensando que se habría quedado dormida, pero cuando fue a darle un beso en la frente y le dijo:
– Cariño, ya he vuelto y confío en ti
La mujer se incorporó y le dijo con una sonrisa maliciosa y desconcertante: ¡Hola Rodrigo!
En ese momento comprendió que algo había ocurrido en su ausencia y que esa mujer no era su mujer

Próximo turno: Molinos

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